Quería convertir mi trabajo diario con asistentes de IA en artículos breves para este blog. La idea era contar problemas reales de desarrollo, las soluciones que exploramos y las decisiones que tomamos, sin publicar conversaciones ni datos privados. Antes de escribir, necesitábamos resolver algo menos vistoso: conectar el asistente con mi WordPress.
Mi primera condición fue sencilla: no quería pagar una suscripción adicional solo para que una IA pudiera publicar. El sitio está alojado en mi propio hosting y WordPress ya dispone de una API. Esa condición terminó cambiando varias decisiones que vinieron después.
La IA propuso inicialmente una integración de terceros. Era una vía disponible, pero no había comprobado su precio ni evaluado primero las opciones oficiales. Le pregunté por qué necesitábamos esa opción y compartí la documentación del MCP de WordPress. Esa intervención no consistió en escribir código: consistió en cuestionar una dependencia antes de incorporarla al proyecto.

La documentación mostró una distinción importante. El servidor de WordPress.com corresponde a ese servicio; mi instalación usa WordPress en un hosting propio. La IA revisó entonces el sitio y encontró un endpoint del MCP Adapter. Parecía que ya teníamos el camino abierto, pero la autenticación OAuth devolvió un error: el cliente no era reconocido.
Aquí la IA tomó otra decisión técnica: abandonar ese flujo para probar el proxy de Automattic con una contraseña de aplicación de WordPress. Yo no había especificado cómo autenticar la conexión; había definido la condición de evitar una suscripción al conector. La elección del mecanismo fue una propuesta de la IA y condicionó la configuración local que preparó después.
El primer intento recibió un 403. En vez de asumir que la contraseña estaba mal, la IA comparó solicitudes e identificó un comportamiento reproducible: la petición identificada como Python era rechazada, mientras que una identificada como nuestra aplicación llegaba a WordPress. Ajustó el script y el siguiente paso permitió comprobar la autenticación. No fue necesario exponer la contraseña en el chat.
Todavía faltaba una pieza. Tener MCP conectado no significaba disponer de herramientas para publicar. El sitio ofrecía capacidades de consulta y SEO, pero no las operaciones editoriales que necesitábamos. La IA preparó una extensión pequeña para guardar borradores, programar entradas y subir miniaturas con texto alternativo. Elegí instalarla mediante un ZIP desde el administrador de WordPress.
Lo que me interesa de esta experiencia es la cadena de decisiones. Yo fijé el objetivo, rechacé una dependencia innecesaria y elegí cómo instalar la extensión. La IA investigó, propuso alternativas y cambió la implementación al encontrar límites. Algunas decisiones nacieron de mis condiciones; otras las tomó durante el trabajo y alteraron los pasos siguientes.
La conexión ya responde y las nuevas capacidades están disponibles. Eso todavía no significa que el diario completo esté automatizado. Primero toca comprobar una entrada de principio a fin. Mi aprendizaje es concreto: conectar una herramienta, autenticarla y verificar lo que realmente puede hacer son tres pasos distintos.